Sin tocar la última nota se plasmó esta melodía;
tocó la partitura y cayó extasiada sin digerir la copiosa composición,
la vi alejarse tarareando un desconsolado, triste y absurdo sonido.
Soñé despierto esa noche, canté versos olvidados por el tiempo, reordené llantos amargos de un crepúsculo que nunca fue y al alba ella descalza escapó,
pensé lo peor, me asomé ebrio en un halo de de incertidumbre,
esperando ver siquiera aquella sombra ligera que musita el pentágrama embelesado de una creación efímera.
Estoy exhausto, sólo me queda llevar esta secular maldición
y arrancar fantasías a la caótica voz que me exulta en vehemente frenesí.
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