jueves, 13 de agosto de 2020

M

Aquella tarde no había muchos motivos para pensar en los futuros sucesos que tal decisión conllevaría a M a tomar con tal determinación dicho final. Era de esperarse, tal como lo advirtió días atrás que debía ser más convincente, lo intentó una vez y falló, esta vez no podía darse el lujo de una pobre actuación. Hace unos años el lugar que M escogió había sido escena de una terrible tragedia, era el lugar adecuado, tiró a matar.


No murió, era extraño pero algo dentro de M ese día se separó de su cuerpo. Los mudos testigos que raudos cruzaban de un lado a otro convergieron en una idea que calaba en aquel espacio que fue quedando luego del crimen perpetrado, no había marcha atrás pero debía estar seguro que aunque la muerte no hubiese concurrido esa tarde, lo haría con el pasar de las horas, días tal vez, el tiempo era inexacto. 


M vagó muchos días en incontables pensamientos, uno más absurdo que otro, hubo remolinos de culpa torturando sus sueños. Pero era lo mejor (¿En verdad lo era?), no había vuelta atrás y sólo para asegurarse que el trabajo se había hecho eficazmente utilizó un veneno letal en la herida aún fresca. 


Ocurrió un suceso inesperado por aquellos días, la naturaleza de M no podía dejar de lado aquel incidente, fue un ingrediente no planeado para alterar la fórmula mortal. M se alegró de todo lo que estaba ocurriendo, era la circunstancia perfecta y dejó que el humo del tiempo hiciera lo suyo. El tiempo no transcurre de la misma manera para todos, M era conciente de ello y aceptó el precio, tomó una senda sin señales y lentamente se adentró en aquel páramo.