Apartar los vidrios rotos de una llaga que no para de sangrar es una acción
irremediable que mi cuerpo y mi mente se niegan a cumplir aunque el
sufrimiento les arranque el alma poco a poco,
soy esclavo de una tortura que me doblega día tras día,
no se si podré soportar tanto dolor,
mi eterno homicida es el tiempo que sin piedad tritura mis sueños;
acostado en el suelo me encuentro
sintiendo como la humedad me carcome los huesos,
el precio que me cobra la vida es muy alto
y soportarlo sobre mis hombros me ha dejado destrozado el pensamiento,
llegará la hora de mi muerte y mi tristeza será eterna;
si el cielo o el infierno me intentan reclamar,
buscaré refugio en un lienzo de miseria
porque el cielo sería un castigo inmisericordioso para mi piel
y el infierno como castigo no alcanzaría para cubrir mis pecados.
La historia de este libro que no tiene inicio ha sido escrita con sangre,
ya que sonaría absurdo pensar que el fuego consumiría
el lamento ignoto de un silencio hecho letra
por la inmunda tinta de un siervo cautivo del destino
arrojado al cieno cerebral de la humanidad.