jueves, 8 de julio de 2010

JUICIO DE UN DEMENTE

El crimen de medio vaso de agua esta plagado de misterios, sobre el borde descansa una rodaja de limón, que en un descuido ha dejado deslizar por las paredes el zumo de su existencia, la botella impávida que a su lado reposa ostenta la magnificencia de su contenido, razón por la cual es presumible que presenciara todo el hecho que me es trágico relatarles, el posavasos ha tenido parte en el crimen, pues es testigo clave, ya que el líquido salpicado sobre sí se conserva fresco aun. Todo se torna oscuro desde el momento que una silla abandonada a su suerte ha tomado el curso del proceso, la miseria del espacio reclama justicia, así como el raído mantel que cubre el cuerpo de una miserable mesa que no cesa de gritarme que yo soy mas culpable por no alegar que el tiempo de estos sucesos me ha sido conferido por las circunstancias de un hito entre el silencio y mi naturaleza remarcado por el inútil sufrimiento de los involucrados, la ironía me ha cogido por sorpresa y ahora todos me acusan, una ventana que a lo lejos me observa, me señala como el individuo que violó sus umbrales horas antes de volver a contemplar mi cínica presencia, negarlo sería imprudente de mi parte, pero admitir que el trago que bebí causo mi locura echaría por tierra toda mi defensa, le consulto a la lámpara que pende del techo si la defensa de mis desvaríos reduciría mi condena e increpa mi cobardía; cuando creo perdido todo, la demencia se apodera de mis sentidos, en vehemente insanía las paredes temen perder el juicio que yo ya no tengo, pero es tarde, la litera de mis pensamientos ha dejado sin efecto todo este absurdo caso, porque después de todo, quien sepa lo que ocurra con el vaso, el agua y yo.