No fijes tus perversas miradas en mi alma,
aleja tu presencia cruel criatura
de los dominios de mi mente,
que carcomida por apariencias
se dejó coger de crudas ataduras,
envolviendo así el pensamiento sublime que en mi dormía.
Te vi quebrar la ilusión de una frase inconclusa
al someterla al capricho inmundo de tu
despreciable existencia,
dejando inconsolable al frágil cuerpo de un
infortunado y triste verso.
Deambulando por el laberinto de mi estupidez,
creí perder la razón al no poder hallar sentido
a tus insensatas muestras de lucidez
que bailaban bajo mis ojos queriendo tentar
la inocencia del vacío de mis letras.
Completamente aturdido me perdí entre sueños,
inhalando el hedor de los anhelos
de un verdugo sin sombra,
segaste mis ideas al destruir la fantasía
de una tibia mañana que sobre mis manos se escurría.
Enfrenté tu realidad obnubilado por el cansancio,
que en horas oscuras con el rostro pegado al leño
mordí el deseo de transportarte
hacia mis gélidas falanges
donde sin piedad alguna
aparté tus dementes ansiedades de los
deslices inconcientes de mi afiebrada pluma.
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