Insomne esta mañana amanecí bajo el muérdago fresco
de los que saben soñar, divirtióse mis pensamientos
con el sabio consejo de la noche, donde encontré en
destellos fulminantes los secretos de un mundo
aprisionado por la inconsciencia viva de un destino
al que no sabe...ya pertenece.
Se deja llevar por corrientes infames de juramentos
dejados al olvido, con los que al verse preso de dolor,
se entregará en gritos desesperados suplicando perdón,
mas no será escuchado si primero no limpia sus palabras
en los valles de la verdad, verdad que logrará alcanzar
si aprende a amar a los que lleva en su interior.
Camine despacio por las calles de mi mente:
me ví, te ví, no te ví, me caí...¿Dónde estoy?
recordé que soy uno de ellos y me aventuré
por laberintos interminables de una existencia
que atormenta los frágiles deseos de aquellos
que con indeseables letargos de palabras
suelen escuchar y nunca decir nada;
se afligen, lloran, sufren, pero jamás se arrepienten,
se niegan a admitir los fugaces desvaríos de su locura;
de ahí que escribera una frase en un muro
que a lo largo conducía al precipicio de la agonía,
sin sentido en confusa amargura borré cada letra
que colgaba de mis dedos, lancé un grito y me oí muy lejos,
sólo pedazos de lamento arrojé en los anales de la muerte y
desconsolado descubrí que mis hermanos
tiritaban de frío por la oscuridad que les dejó el
día perdido en una historia que ellos mismo inventaron
para deleite de sus propias ambiciones;
debí morir en aquel momento, sólo entonces
advertí que yo dormía con la vista fija en el silencio,
eso debió calmar mis obstinados anhelos de
reencontrarme con fúnebres ideas cavadas en
memorias de una noche que absorto en sueños
de una madrugada incandescente,
no tuve el valor de contarle a mi conciencia.
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