Los dedos de mi mano se perdieron junto al papel amargo de una noche onírica, yo los ví alejarse desde el umbral de una taza de café, recuerdo vagamente verlos muy tristes sobre el tapete de una mesa sucia, sin embargo los deje abandonados a su suerte. Los eché de menos una tarde en el cálido jardín de una luna atrapada en el estanque, los busqué desesperadamente sobre un charco de visiones que nadaban en mi mente, nunca pensé sentir tanto su ausencia...los lloré en silencio por mucho tiempo queriendo borrar el rastro de una angustia clavada en mi garganta, me senté junto al fuego para tomar entre mis manos el calor aciago que sus llamas me brindaran, sentí que no fui bueno porque ni el viento me hablaba y aunque suplique con el alma trastornada, sólo los delirios de un futuro sin ustedes me aguardaba.
Ahora, en la oscuridad, lamento no haberle dado los sueños de mi cuerpo, pero seguro estoy que al caer el brillo de una ilusión que ya no arde, buscaran el camino de regreso para darle luz a un pensamiento forjado en la razón de un loco que volvió a vislumbrar la lucidez en los gritos pepetuos que su voz le arrebataron.
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